Durante unos años muchos restaurantes solucionaron la digitalización de su carta de la forma más rápida posible: subieron un PDF a Internet, generaron un código QR y lo pegaron en las mesas.
Funcionaba.
Pero eso no significa que fuese una buena carta digital.
Un PDF puede servir para salir del paso, pero tiene bastantes limitaciones. En un móvil puede obligar al cliente a ampliar constantemente la pantalla, desplazarse de un lado a otro o buscar entre varias páginas hasta encontrar lo que quiere.
Y existe otro problema todavía más práctico.
Cada vez que cambias un precio, eliminas un producto o modificas la carta, tienes que actualizar el archivo.
Una carta digital bien planteada funciona de otra manera.
El restaurante dispone de una página online donde puede organizar sus categorías, productos, precios, fotografías e información adicional. El cliente simplemente escanea el QR y accede a esa información desde el navegador.
Sin descargar aplicaciones.
Sin instalar nada.
Y, sobre todo, sin convertir algo tan sencillo como consultar una carta en un pequeño ejercicio de paciencia.
¿Cómo funciona una carta digital con QR?
El funcionamiento es bastante simple.
El restaurante crea su carta dentro de una plataforma y obtiene una dirección pública, por ejemplo:
barboost.es/bar/mi-restaurante/
Después se genera un código QR que apunta a esa dirección.
Ese QR puede colocarse en las mesas, en la barra, en la terraza, en un expositor o incluso dentro de otros materiales del establecimiento.
Cuando el cliente lo escanea con su móvil, abre directamente la carta.
Lo importante está en lo que ocurre después.
El QR no contiene realmente los productos ni los precios. Simplemente lleva al cliente hasta una dirección web.
Eso significa que puedes cambiar el contenido de la carta sin cambiar el código QR.
Si mañana una hamburguesa pasa de 9,50 € a 10 €, actualizas el precio dentro de tu panel y la próxima persona que abra la carta verá el nuevo precio.
El QR de la mesa sigue siendo exactamente el mismo.
La ventaja más importante es poder mantener la carta actualizada
Aquí está, probablemente, una de las diferencias más útiles respecto a una carta exclusivamente impresa.
En hostelería las cosas cambian.
Cambian los precios.
Cambian proveedores.
Hay productos que desaparecen.
Aparecen platos nuevos.
Una cerveza deja de estar disponible.
Se modifica un menú.
Con una carta impresa, cualquier cambio puede terminar significando volver a diseñar, imprimir o sustituir material.
Con una carta digital, el restaurante puede modificar el contenido y publicarlo de nuevo.
No significa que tengas que eliminar necesariamente la carta física.
Ambas pueden convivir perfectamente.
La cuestión es tener una fuente digital que puedas mantener actualizada sin depender constantemente de nuevas impresiones.
La experiencia en móvil importa mucho más de lo que parece
Hay otro error bastante habitual: pensar únicamente en cómo queda visualmente la carta desde un ordenador.
El cliente normalmente no la va a consultar desde un ordenador.
Está sentado en una mesa con un teléfono en la mano.
Por eso una buena carta digital tiene que estar diseñada primero para móvil.
Las categorías tienen que encontrarse rápidamente.
Los nombres de los productos deben poder leerse sin esfuerzo.
Los precios tienen que estar visibles.
Las imágenes, si existen, no deberían convertir la página en algo pesado y lento.
Y el cliente debería poder entender en pocos segundos dónde está cada cosa.
Parece evidente, pero todavía hay bastantes cartas digitales que obligan a hacer zoom, abrir documentos gigantescos o navegar por interfaces mucho más complicadas de lo necesario.
Los alérgenos también necesitan una presentación clara
La carta puede incorporar información sobre los alérgenos asociados a cada producto.
Por ejemplo, el establecimiento puede indicar si un plato contiene gluten, huevos, leche, frutos de cáscara u otros alérgenos aplicables.
Aquí conviene hacer una distinción importante.
La tecnología puede ayudar a mostrar y organizar la información, pero la responsabilidad de introducir correctamente los datos sigue estando en el establecimiento.
Una plataforma no debería inventar automáticamente qué alérgenos contiene un plato basándose únicamente en su nombre.
Una hamburguesa de dos restaurantes diferentes puede utilizar ingredientes completamente distintos.
Por eso el sistema debe facilitar que el propio negocio controle esa información.
Una carta digital también es una página de tu restaurante en Internet
Hay otro aspecto que muchas veces se pasa por alto.
Cuando publicas una carta online estás creando una nueva superficie digital de tu negocio.
No es solamente algo que utiliza una persona después de sentarse en una mesa.
También puede ser una página que alguien consulte antes de decidir dónde comer.
Imagínate una situación bastante normal.
Una persona está mirando varios restaurantes de la zona y quiere saber qué ofrecen, cuánto cuestan aproximadamente sus platos o si tienen determinado tipo de comida.
Poder consultar una carta clara desde el móvil puede ayudarle a tomar esa decisión.
Aquí es donde una carta digital empieza a conectarse con algo más amplio: la presencia online del restaurante.
La web, Google, las redes sociales, la carta y las reseñas no deberían funcionar como cinco mundos completamente separados.
El cliente simplemente está buscando información sobre un negocio.
Qué debería tener como mínimo una buena carta digital
No hace falta convertirla en una aplicación gigantesca.
Para un bar o restaurante pequeño, una primera versión puede ser bastante sencilla.
Necesitas poder crear categorías como bocadillos, hamburguesas, entrantes, bebidas o postres.
Dentro de ellas, añadir los productos.
Cada producto debería poder incluir como mínimo su nombre y precio, y cuando tenga sentido también una descripción, fotografía e información de alérgenos.
Después necesitas una página pública que funcione correctamente desde móvil.
Y un QR estable que puedas utilizar físicamente en el establecimiento.
Con eso ya tienes una herramienta realmente útil.
El resto puede venir después.
El error sería digitalizar por digitalizar
Añadir tecnología a un restaurante no tiene sentido si termina generando más trabajo del que elimina.
Ese es probablemente el criterio más importante.
Una carta digital debería facilitar que cambies un precio.
No obligarte a llamar a alguien para cambiarlo.
Debería permitirte añadir un producto.
No convertir esa tarea en veinte pasos.
Y debería resultar cómoda para el cliente que simplemente quiere saber qué puede pedir.
La hostelería ya tiene suficientes complicaciones operativas.
La tecnología debería reducirlas.
Puedes empezar con algo muy sencillo
No hace falta transformar todo el negocio de golpe.
Puedes empezar creando únicamente la carta.
Organizar tus categorías.
Añadir tus productos.
Publicarla.
Generar el QR.
Y utilizarla en el restaurante.
Después podrás decidir si necesitas trabajar otras áreas de tu presencia digital.
Ese es precisamente el enfoque con el que estamos construyendo BarBoost.
Primero una herramienta sencilla que resuelva algo concreto.
Después, si el negocio lo necesita, lo demás puede venir después.
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